Luego de unos 15 minutos de habernos subido sentimos un fuerte ruido, como un golpe o algo que se da vuelta, miramos y desde el fondo del bus se acerca un señor a avisarle al conductor que -nada menos- el vidrio o parabrisas trasero del bus se había caído por completo rozándole un brazo. Claro, eso fue, ahí estaba el parabrisas trasero bajo los seis asientos posteriores del bus, en donde afortunadamente no había nadie sentado.
Obviamente una situación como esa no te es indiferente y da para pensar, desde tu agradecimiento a Dios o a quien creas por no haber estado sentado allí y haber recibido un golpe de aquellos en la cabeza, hasta las críticas instantáneas contra nuestro sistema de transporte público, pasando por los alegatos enconados al conductor (que sólo dio vuelta el cartel de recorrido y seguimos el rumbo, pero sin tomar más pasajeros), así como lo que yo mismo pensé durante el trayecto.
Y claro! da para reflexión. Entonces nos fuimos conversando con mi esposa, bajo el rótulo de "hijos del Transantiago" (ambos llegamos el 2007 a Santiago) sobre los innumerables avances, retrocesos y ajustes al sistema.
Y es que últimamente por ejemplo se implementó el sistema de Google Traffic, a través de Google Maps; en donde podemos consultar nuestro origen y destino y el sistema nos da la opción de planificar el viaje, dándonos la ruta y sus respectivos recorridos, estimación del tiempo de viaje y paraderos. Toda una implementación GIS bajo un potente motor de búsqueda y enrutamiento que sin duda facilita nuestra convivencia con el Transantiago. Además de otras y anteriores mejoras relacionadas con los GPS que incorporan los buses, que a través de mensajes de texto o aplicaciones en smartphones nos dicen cuánto más debemos esperar en el paradero para que llegue el próximo bus. Todo esto y más, diseñado especialmente para aquellos que somos "tecnológicos" y que de una u otra forma estamos más pendientes de lo relativo al transporte público porque lo usamos.
Entonces, al recordar estas mejoras y otras más de infraestructura de paraderos, renovación de contratos, recorridos, etc. Llegamos a la conclusión que es totalmente inconcebible que sucedan este tipo de fallas como la del parabrisas. Quizás sea tiempo que el ministerio de transporte vuelva a enfocar los esfuerzos hacia estos pequeños grandes detalles en los buses propiamente tal, para evaluar y exigir un estándar de revisiones técnicas de funcionamiento acorde al sistema de transporte público que ofrece la ciudad. Es probable que se esté haciendo, pero nunca está demás recordarlo. Al final, mejorar la percepción sobre el Transantiago creo que depende principalmente de la confianza que le brinde a todos sus usuarios en todos sus aspectos.
Saludos!

